Ana es administradora de empresas, tiene una maestría en mercadotecnia y es coach certificada de empresas familiares. Trabajó en una incubadora de negocios, dio clases, impulsó una red de networking empresarial y dirigió la empresa de su papá. Hoy tiene su propia empresa, Muéver, dedicada al equipamiento para otras empresas.
Ana también fue la persona que empujó a nuestro equipo a lanzar este podcast. Fue la primera invitada de la temporada, y su historia habla de algo que casi nadie cuenta: cómo es empezar de cero cuando sientes que te sacaron de tu lugar, y qué hacer cuando la confianza se rompe.
Los problemas que enfrentó
1.Que quienes te quieren te empujen a lo "seguro"
Su papá, que también es emprendedor, le decía que trabajara en una empresa grande. Ana lo entiende: los papás quieren darle a sus hijos un camino más sencillo, aunque sepan que el emprendimiento puede traer éxito. Pero cuando conoció el mundo de las incubadoras, supo que eso era lo suyo.
2.Probar muchos negocios antes de encontrar el tuyo
Ana tuvo una taquería, una empresa de inflables y muchos otros intentos. Dice que ese proceso sirve para encontrarte: no puedes poner cualquier cosa "porque se te ocurrió" o "porque es lo que sabes". Todo fue experiencia, y la llevó a profesionalizarse.
3.Salir de la empresa familiar y sentir que te "corrieron"
En plena pandemia, su papá le dijo que había aprendido mucho y que era momento de "agarrar vuelo". Ana había dedicado años de esfuerzo a la empresa familiar y fue un duelo: lloró, y sintió que la habían corrido, aunque él le ofreció su apoyo. Tras procesarlo dos días, le dijo que sí, pero que se iría en 15 días.
Ya había sentido internamente que debía hacerlo, y hoy cree que su papá lo sabía. Agradece que sucediera así: tenía la bendición de él, el apoyo de su familia y más tiempo para organizarse.
4.Empezar de cero con casi nada
Arrancó con muy poco dinero y una necesidad clara: tenía que vender sí o sí. Un amigo le regaló su página web, otro le ayudó con el dominio y otros más la guiaron. Compró inventario con un pequeño préstamo de su esposo, lo cargaba en su coche y salía a repartir, desinfectándolo todo por la pandemia.
A veces sentía que empezaba de cero, pero la gente le decía que no: ya había personas que la conocían y sabían a qué se dedicaba. Esa red fue clave.
5.Una industria de hombres que te pregunta quién manda
Ana trabaja en una industria con muchos hombres, y vive machismo: la ven más joven, mujer y no ingeniera ni arquitecta, así que se encuentra barreras. Le tocó un proyecto de equipamiento de una cocina para una gran empresa, con gente de la vieja escuela y comentarios de que debía venir alguien más, un hombre, aun siendo ella la dueña.
Se ganó el respeto de una forma: con trabajo, siendo congruente, entregando lo que prometió y manteniendo el temple. Al final del proyecto dice que ganó autoestima: "claro que puedo".
6.Que una persona de confianza rompa tu confianza
Su fracaso más doloroso fue que alguien de su entera confianza hizo algo impensable y la puso en riesgo. Se encerró una semana y le dijo a su esposo que ya no quería hacer nada y que cerraría. A los 15 días "el agua turbia" se asentó, vio todo con más claridad y agarró más fuerza.
Aprendió que necesitaba un poco más de filtro, pero que no podía dejar de ser quien es. Fue también una lección de humildad.
7.Querer equilibrarlo todo y sentir culpa
Ana opina que el equilibrio perfecto no existe y que es un concepto equivocado: querer que todo esté al mismo nivel es muy desgastante. Aun así, a veces siente culpa por trabajar y no estar con su hijo, y trata de ser más productiva en esos días.
Lo que aprendió (y que te puede ahorrar años)
1.Ten un mentor
Es su primer consejo: acércate a alguien que ya tenga el resultado que quieres, para que te oriente en el camino. Quien ya emprendió puede ahorrarte años.
2.Construye una red de respaldo
Una red de apoyo, emocional, comercial o de amigos, puede no darte dinero, pero te da un consejo que te desate. Ana dice que no se crece solo, que hay que pedir ayuda y que no hay que tener pena. Incluso cuando trabajas en una empresa y quieres un ascenso, tienes que hacerte notar.
3.Paciencia y resiliencia: Roma no se hizo en un día
Hay días en que uno se cansa, pero hay que seguir. También dice que no eres tan especial para que todo lo malo te pase solo a ti: a todos nos ha pasado de alguna manera, y por eso la red es importante.
4.Define para qué trabajas
Si eres empleado, ten un objetivo claro: ¿qué quieres lograr ahí?, ¿es un escalón para emprender? Ana ha visto a mucha gente infeliz en trabajos que no les gustan. Si te gusta otra cosa, inténtalo.
5.Arriésgate, pero imagina el peor escenario
Su ejercicio: imagina lo peor que podría pasar. Si es perder tus ahorros, los volverás a hacer, y te fortalecerá. Nadie se ha muerto por eso, y nada es tan catastrófico como piensas.
6.Modula en lugar de equilibrar
Su forma de manejar su vida: ser sensible a qué necesita más atención en ese momento. Un día es la familia, otro es el trabajo, como un estéreo que se va modulando. Y para Ana el propósito de su vida es servir y ayudar, algo que descubrió durante la pandemia en un reto de meditación de 21 días.
“Imagina el peor escenario y te vas a dar cuenta de que nada es tan catastrófico como piensas.”
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