Claudia estudió negocios internacionales y trabajó seis años en una empresa suiza de perfumes y sabores. Le gustaba su trabajo, pero llegó un momento en que se preguntó: "¿y qué sigue?". Un helado en Cuernavaca cambió el rumbo. Se enamoró del producto, de la atención y del concepto, y terminó abriendo tiendas de Helnie en Toluca y Metepec.
Hoy es la embajadora de la marca en México. Pero el camino no fue de helado de chocolate: hubo lágrimas al renunciar, una pandemia que casi la rompe y un montón de aprendizajes sobre equipo, delegar y reinventarse. Estos son los retos que más le pesaron.
Los problemas que enfrentó
1.Soltar la seguridad de un sueldo
Renunciar le costó mucho. La empresa era buena, sus compañeros eran sus amigos y ella era feliz, pero sabía que eso no era lo que quería hacer para siempre. El día que se fue lloró con su caja en las manos, mientras su esposo pasaba por ella.
Su familia tampoco lo vio fácil. Su abuela, que siempre tuvo negocio, le dijo: "no te salgas, no sabes lo que es tener un negocio". Claudia reconoce que no tenía idea de todo lo que venía, y aun así dice que no se arrepiente.
2.No poder atender dos cosas a la vez
Antes de renunciar ya había abierto su primera tienda y alguien la operaba. Aun así se dio cuenta de que no se podía estar en la oficina y pendiente del negocio: se distraía, contestaba llamadas y su rendimiento bajaba. Si había una emergencia en la tienda, no podía atenderla desde una junta.
Su solución fue dar el salto por etapas: ella dejó su empleo y su esposo mantuvo el suyo durante un buen rato para que hubiera balance. Él también renunció después, y hoy la acompaña en el negocio.
3.Dar el salto a un centro comercial justo antes de la pandemia
Abrir en un centro comercial grande fue una apuesta fuerte: contrato, remodelaciones, inversión y mucho nervio. Al principio fue un boom y la tienda se llenaba. Después llegó el COVID, y la tienda estuvo cerrada cinco meses mientras los gastos seguían corriendo.
Cuando reabrieron las ventas seguían muy bajas. El primer año de recuperación fue mínimo y el segundo vendieron menos que el anterior. Una de las tiendas tuvo que cerrar por completo.
4.Pasar la pandemia, y lo que vino después
Claudia cuenta que casi tiró la toalla, pero había un contrato firmado y sabían que el negocio sí funcionaba. Lo que les ayudó fue hacer alianzas estratégicas con otros emprendedores: por ejemplo, una pastelería entró a compartir su tienda. De esa experiencia aprendió tanto que dice que fue como hacer una maestría.
Aprendió además que su negocio es un lujo, no una necesidad como el pan, y que le afecta lo que pasa en la economía y en el mundo. Cuando las cosas se ponen difíciles, la gente deja de comprar helado antes que leche.
5.Delegar y cuidar al equipo
Delegar le costó muchísimo porque "todo lo haces tú bien". Para delegar aprendió que primero hay que enseñar, y enseñar bien. Dedica tiempo a capacitar, aunque a veces se vuelve cansado, y a veces la persona que formó se va y toca empezar otra vez.
Para ella, el capital humano es un reto: no todos los días uno amanece feliz, pero en una tienda de helados el show tiene que continuar.
6.Un negocio de temporada y la obligación de innovar
Los helados bajan cuando llueve y hace frío, así que Claudia tiene estrategias para esa temporada: sabores navideños que salen una sola vez al año, como pan de muerto y rosca de reyes. Además ha lanzado productos nuevos, como sándwiches de helado, paletas y pastel de helado, para no estancarse.
Reconoce que lo que más trabajo le ha costado es innovar dentro del mismo negocio y diferenciarse sin perder la esencia de la marca.
Lo que aprendió (y que te puede ahorrar años)
1.Prueba antes de dar el salto completo
Claudia no renunció a ciegas. Primero abrió, validó que el concepto funcionaba y mantuvo un ingreso estable en casa durante un tiempo. Dejar de lado la prisa hace que el salto sea menos aterrador.
2.Rodéate de las personas correctas
Su consejo principal es juntarte con personas que te aporten algo. Nadie empieza un negocio sabiéndolo todo: lo vas aprendiendo sobre la marcha, y quien ya tiene experiencia en un negocio puede ahorrarte errores. Los emprendedores que conoció en bazares y en el espacio compartido donde abrió ahora son aliados y hasta socios.
3.Trata bien a tu equipo
Además de elegir con cuidado a quien contratas, hay que darles tiempo para enseñarles cómo quieres que hagan las cosas, tratarlos con respeto y recordar que son personas que se enferman y tienen problemas. Si tu equipo se siente bien, se nota en cómo atiende.
4.Haz las cosas bien con el SAT y los permisos
Abrir un negocio implica permisos, anuncios y temas fiscales. Al principio le daba miedo el SAT, pero aprendió que no pasa nada si haces las cosas como se debe: darte de alta correctamente y no saltarte pasos.
5.A veces un buen nombre cambia todo
Claudia tuvo un helado de chocolate con leche que no se vendía. El novio de una vecina de local le sugirió llamarlo "conejito Turín". El producto era el mismo, pero hoy es el que más vende. Cuenta que en su momento ella no tuvo la visión de ponerle ese nombre.
6.Desahógate con tu gente
Cuando le llega el autosabotaje, Claudia saca todo lo que trae en la cabeza con su esposo, su mamá o su hermano. Dice que el 99% suele ser tontería, pero necesita ventilarlo para regresar a su centro y seguir.
“Nadie empieza un negocio sabiéndolo todo. Todo lo vas aprendiendo sobre la marcha.”
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