Claudia es ingeniera química, hizo una maestría en ciencias ambientales y un doctorado en sustentabilidad. Trabajó en el Instituto Estatal de Energía y Cambio Climático del Estado de México, dio clases en la Universidad Autónoma del Estado de México y hoy forma parte del Sistema Nacional de Investigadores.
En el episodio platicamos de algo que cada vez toca más a cualquier negocio, desde una cafetería hasta una fábrica: cómo producir y vender con menos impacto ambiental, sin caer en etiquetas engañosas y sin que los costos te dejen sin clientes. Estos son los problemas que ella ve y lo que propone.
Los problemas que enfrentó
1.No saber por dónde empezar
Según Claudia, muchas empresas no saben cuánto impacto generan. Ella trabaja con la huella de carbono, una medida de las emisiones que produce cualquier actividad: usar electricidad, agua o comprar ropa ya generan una huella. Comenta que antes se veía como algo opcional, pero que hoy en día se está volviendo obligatorio que las instalaciones, públicas o privadas, reporten sus emisiones.
2.Pensar que ser sustentable te quita clientes
Es el dilema que más escuchan: el producto verde suele ser un poco más caro, y si el cliente ve que subiste el precio del taquito, no te compra. Claudia explica que quienes hacen un producto engañoso tienen éxito justo por eso: no suben sus costos.
3.El greenwashing: etiquetas que dicen lo que no son
Se le conoce como "greenwashing" cuando un producto se vende como compostable o biodegradable sin serlo de verdad. Claudia cuenta que en su facultad pusieron a prueba popotes que se anunciaban como biodegradables y comprobaron que solo una marca realmente se desintegraba, mientras otras seguían como plástico.
Su explicación del problema: no hay una regulación sólida que garantice lo que dicen las etiquetas. Existen las declaraciones ambientales de producto, certificaciones internacionales que son costosas, y para quien certifica de verdad es injusto competir contra quien solo pone una etiqueta.
4.No saber qué ganas separando tus residuos
Claudia capacita a dueños de cafeterías y restaurantes sobre el aceite usado. A veces preguntan: "¿y yo qué voy a ganar?". Ella explica que por cada litro de aceite que se tira al drenaje se contaminan unos 40,000, según sus cifras. En la Ciudad de México ya hay multas por hacerlo, y su equipo trabaja en un proyecto para convertir ese aceite en biodiesel, siempre que se use una o dos veces y se separe bien.
5.Proyectos públicos que no llegan a la gente
Cuando trabajó en gobierno vio proyectos útiles, como paneles solares en oficinas o cambio de luminarias a LED, y también sus límites: convocatorias gratuitas, como un programa de convertidores catalíticos, que casi nadie conocía, y paneles instalados sin presupuesto para su mantenimiento. Es un recordatorio de que un buen proyecto necesita difusión y seguimiento.
6.Sentir que tu esfuerzo no es suficiente
Claudia mencionó lo que la UNAM llama ansiedad ambiental: la frustración de querer hacer algo por el planeta y ver que familia y amigos no cambian. Su respuesta es dedicarse a la investigación y la docencia, porque sus publicaciones y sus alumnos pueden llegar a más personas.
7.Creer que un título te hace saberlo todo
Reconoce que al inicio, con un doctorado, sentía que tenía la verdad absoluta. Pero entre más preparada estás, más descubres que no sabes. Hoy trabaja con químicos, economistas, ingenieros y abogados, porque los problemas ambientales no se resuelven con una sola disciplina.
Lo que aprendió (y que te puede ahorrar años)
1.Empieza con acciones pequeñas en tu negocio
Claudia recomienda separar residuos, reutilizar lo que puedas, reducir empaques y llevar tu propio termo. También sugiere hacer composta con los residuos orgánicos, con la nota de que huele mientras se descompone, pero es un olor natural. Dice que si empiezas en tu casa o tu negocio, los demás lo ven y se contagian.
2.Cambia lo desechable por lo reutilizable
En su facultad había una vendedora de tacos que usaba solo unicel. Le propusieron dejarlo y ella ya tenía platos reutilizables. Según Claudia, no creen que hayan bajado sus ventas. Un pequeño cambio, hecho con el vendedor y no contra él, puede reducir mucho residuo.
3.Verifica antes de creer una etiqueta
Una prueba sencilla para algo que se anuncia como compostable es ponerlo en una composta: en unas nueve semanas debería desintegrarse, y si a la tercera semana empieza a desintegrarse, es buena señal. Y busca certificaciones reales en lugar de solo palabras como "eco" o "verde".
4.Haz que tu mensaje llegue a la gente real
Para Claudia, un proyecto no sirve si no se aterriza a la sociedad. Por eso mide el antes y el después con encuestas en las comunidades y comparte evidencia en redes sociales. Empieza por tu comunidad, tu colonia o tu clientela, y deja que crezca.
5.Comparte lo que sabes y trabaja en equipo
Antes pensaba que si algo le costó trabajo, no tenía por qué compartirlo. Aprendió lo contrario: enseñar a otros regresa en forma de apoyo. En clase, sus alumnos le enseñan cosas que ella no sabía, y dice que ya pasó la etapa en que el profesor siempre tiene la razón.
6.Pon límites a tu tiempo
Reconoce que la ciencia nunca para y que podría quedarse a dormir en la universidad. Pero dice que hay que darse tiempo para la familia, el ejercicio y los amigos, porque si no cuidas tu salud mental, no funcionas.
“A mí nada me sirve ganar el premio Nobel de química si ese proyecto no se aterriza a la sociedad.”
¿Te está pasando algo parecido?
Si tu negocio genera empaques o residuos, revisa estas preguntas:
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