Sarai es la única mujer entre cuatro hermanos y estudió administración de empresas. En los veranos de la carrera ayudaba a su papá en la empresa familiar que fabrica y repara tarimas de madera para uso industrial, esas que ves en los supermercados. Al graduarse, entró ahí en un puesto nuevo, sin manual y sin precedentes.
En este episodio nos contó lo que casi nunca se platica de las empresas familiares: cómo ganarte el respeto cuando eres "la hija", qué hacer cuando no te dan el puesto que esperabas, cómo dirigir a un equipo sin lastimar a nadie y cómo separar la familia del negocio en una sala de juntas.
Los problemas que enfrentó
1.Entrar a un puesto que no existía, sin manual
Sarai entró como auxiliar de importaciones, un departamento que apenas se estaba formando. Tuvo que aprender por su cuenta sobre aduanas, aranceles e impuestos, negociar con proveedores del extranjero y vencer miedos como hablar por teléfono o escribir un correo en inglés. En ese momento sentía que la "mandaron a la guerra sin armas".
Gracias a ejecutivos y a un coach que le dijeron "te llevo de la mano, pero tú descúbrelo", construyó el área desde cero. Dice que eso fue casi una segunda carrera y le enseñó disciplina y organización.
2.Que te quiten el ascenso que esperabas
Cuando se abrió el puesto de gerente de compras, ella era la candidata natural. Pero la dirección contrató a otra persona sin experiencia en el área, y Sarai se quedó haciendo gran parte del trabajo sin el título. Fue un golpe emocional y profesional.
Con el tiempo, se abrió la gerencia administrativa, que tenía más relación con su carrera, y ahí creció. Hoy forma parte del comité estratégico de la empresa.
3.Ganarte el respeto cuando eres "la hija"
Sarai dice que costó más trabajo trabajar con su papá que con su pareja, y que lo más difícil fue quitarse el título de "la hija". Le tocó demostrar con resultados que merecía su lugar, trabajar más que sus hermanos y hacerse notar.
Además, por ser mujer y joven, algunos clientes y proveedores de otras generaciones dudaban de que fuera la gerente. Pensaban que estaba ahí "mientras se casa".
4.Dirigir a un equipo y comunicarte sin lastimar
Dirigir personas fue lo más difícil de aprender. Ella habla de forma directa y con voz firme, y notó que su tono lastimaba a algunos. Con ayuda de su coach aprendió a observar cómo se comunica cada persona y a ajustarse, y también a cambiar las palabras: decir "hay un área de mejora" en lugar de "tuviste un error", o pedirle a alguien que le repita lo que entendió para asegurarse de que quedó claro.
5.Meter familiares a la empresa sin filtro
En una empresa familiar es común que llegue un pariente a pedir trabajo y se le abra la puerta por cariño. Si el pariente se equivoca o termina la relación, la ruptura se vuelve personal.
Su empresa cambió: ahora tienen estructura, políticas, procesos y un gobierno corporativo. Un familiar que quiere entrar pasa por el proceso de reclutamiento, entrega currículum y hace exámenes psicométricos, como cualquier otro candidato.
6.Separar la familia del negocio en la sala de juntas
Cuando se reúnen los hermanos y el fundador, a veces se pierden en temas familiares como los sobrinos, y cuando discuten, cada comentario puede sentirse personal. Hoy sus juntas de socios llevan temario y puntos a tratar, aunque reconocen que falta trabajo para dar seguimiento a los acuerdos.
Les queda un reto grande: el relevo generacional, cuando los miembros que entraron con el fundador dejen su ciclo en la empresa.
7.Equilibrar la vida laboral y la maternidad
Sarai cuestiona la idea del equilibrio perfecto: dice que no existe, que es un concepto romantizado. Lo que ella hace es decidir cada día a qué le da prioridad. Hay semanas de mucho trabajo y otras donde compensa con la familia.
También habló de la culpa de ser mamá y trabajar. Prefiere preguntarse por qué la siente y recordar que está haciendo lo que le gusta.
Lo que aprendió (y que te puede ahorrar años)
1.Busca guías y aprende por tu cuenta
Nadie aprende en cabeza ajena, dice Sarai, pero tener a alguien que te respalde marca la diferencia. Sus mentores le dejaron descubrir las cosas, pero estuvieron detrás por si se caía.
2.No te lo tomes personal
Uno de los consejos que más le sirvió: nada en el mundo profesional es personal. Todos buscamos un objetivo, y la otra persona puede traer sus propios problemas emocionales.
3.No hay un solo camino
Cuando no le dieron el puesto que esperaba, aprendió a ser más flexible: hay muchas formas de llegar a donde quieres, y si una puerta se cierra, se abre otra.
4.Profesionaliza la empresa familiar
Políticas claras, funciones definidas, un proceso de contratación igual para todos y juntas con temario evitan muchos problemas entre familiares. Su papá, el fundador, entró en ese proceso de cambio mientras sigue activo.
5.Impulsa a otras mujeres y a las mamás
En su empresa buscan una participación de mujeres cercana al 50%, basada en capacidades. Sarai también procura ser flexible con las mamás: que atiendan a sus hijos y compensen después. Dice que lo que das a tu equipo no tiene que ser económico y que lo agradecen mucho.
6.Pide ayuda y lánzate, pero prepárate
Para quien apenas empieza, su consejo es no tener miedo, fijarse un objetivo, prepararse y lanzarse. Y sobre todo, pedir ayuda: nadie sabe todo, y muchas veces la persona que parece inalcanzable es la que más te puede apoyar.
“Atrévete a hacer lo que pocos se atreven a hacer.”
¿Te está pasando algo parecido?
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